Apostando!

Uno de los ejemplos más claros de mal diseño de interacción.

Si eres capaz de identificar todos los enlaces del cuadro de login de hotmail de un simple vistazo, premio para ti. Apenas 400×300 píxeles dan para mucho.

Algunas pistas para ayudarte en el camino son:

1. Que sea azul no quiere decir que sea un enlace.
2. Aunque puede que sí.
3. Si parece texto plano seguramente será un enlace.
4. No, no hay nada subrayado.

Y ya que va de apostar, me apuesto lo que quieras a que ningún usuario de hotmail ha hecho click en “Utilizar seguridad mejorada” en su vida (Sí, eso es un link). ¿Qué quiere decir “seguridad mejorada”? ¿Que si inicio sesión normal será menos seguro? ¿Por qué no tengo “seguridad mejorada ” en Gmail?

Y la guinda la pone pedir el “Windows Live ID”, no el mail, no el nombre de usuario ¡El Windows Live ID!, ni más ni menos. Menos mal que lo explican más arriba (Sí, en eso en azul no hay un sólo enlace).

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Mejor luego

Me apuesto lo que quieras a que soy capaz de identificar dos comportamientos habituales en tu día a día navegando por internet:

Agregar una web a marcadores porque te parece interesante y no tienes tiempo ahora para leerla. Por supuesto se queda perdida en el mar de links que tienes almacenados. Agregar un feed a Reader porque un artículo te ha parecido interesante. Tiempo después ves que sólo ese artículo era interesante y el feed se vuelve tan inútil que acabas borrándolo.

Y ni siquiera he hablado de del.icio.us delicious ¿De verdad eres capaz de encontrar algo ahí?

Quizás el problema es más de comportamiento humano que de aplicaciones mal pensadas, guardamos compulsivamente trozos de conocimiento esperando dedicarles tiempo en otro momento ¿O nunca has comprado un libro que luego no has leído? Si tenemos listas diferenciadas de libros más leídos y libros más vendidos es por algo.

Identificar un comportamiento humano y articular su relación con la tecnología es parte fundamental del trabajo de usabilidad, sino todo se queda en estandarización y simplificación. Quizás, heredamos este comportamiento de la manera de marcar contenidos en el mundo offline (en el que los marcadores en un libro o los recortes en una carpeta son físicos, nos molestan) y no hemos sabido articular la metáfora correctamente (nuestros marcadores, o nuestros feeds, pueden crecer hasta el infinito sin que nos despeinemos).

Estamos hartos de lidiar con la incomodidad mal entendida: firewalls que saltan en la barra de tareas, notificaciones molestas, mensajes de error… Cuando en realidad, la incomodidad puede ser un recurso muy útil en determinados procesos.

Si cuando se te acaba el espacio en tu cuenta de correo de Gmail, el mensaje pasa de un agradable verde a un amenazante rojo ¿Por qué el número de feeds se representa siempre con un neutro azul? Puede parecer un detalle sin importancia y quizás el rojo no es lo más adecuado aquí, pero tener más de mil artículos sin leer en Google Reader no se debería representar de la misma forma que tener dos.

Actualización: Read It Later es un intento de solución al problema. Una extensión de Firefox que añade un icono a tu barra de navegación para marcar un site como “Para leer después”, una vez leído puedes mandarlo a marcadores, delicious, digg, etc… Sin embargo, tengo la sensación de que a la larga se va a convertir en el mismo caos que los casos anteriores.



Git y usos extendidos.

Git es el nuevo niño mimado del control de versiones. La verdad es que personalmente estoy encantado, lo poco que estoy currando con él, me encanta.

Pero el post no va sobre eso. El caso es que estaba creando repositorios para las carpetas de varios proyectillos y pensé en hacer uno para la de guiones de tomate y mozzarella, en realidad, cualquier cosa susceptible de ser modificada en el futuro, debería tener un repositorio al que volver para deshacer cambios. Así pues, ahora mismo tengo un repositorio al que puedo acudir para revisiones anteriores de los textos que voy escibiendo y hasta una rama en la que desarrollo los textos hasta las 2 páginas (en el master están las versiones finales de apx. 50 palabras que permite el formato de Tomate y Mozzarella).

Git está siendo una herramienta más que útil para labores de escritura en local, imagina en un entorno de cinco o seis personas escribiendo los mismos textos con un caos de nombres de ficheros brutal. O un escritor más avanzado con diez o quince revisiones de su libro.

¿Por qué no se usa entonces fuera de entornos de programación?

Principalmente, porque entender una tecnología nos hace miembros de un grupo y nos diferencia. Git puede ser una herramienta genial y muy muy sencilla de usar (si yo lo hago, cualquiera puede), pero su web es indescifrable para alguien no habituado a este nivel de uso de tecnologías, y eso, en el fondo, nos gusta.

También es cierto que empezar un site sobre Git contando cómo se trabaja en terminal, por ejemplo, es una locura (¿Te imaginas que cada programilla que nos encanta, empezase su documentación con los detalles del sistema de archivos de UNIX? Quiero decir, las documentaciones ya son un coñazo ahora).

Es cierto que la gente es muy reacia a adoptar tecnologías “complejas”, si Google Docs (que tiene un control de versiones mucho más optimizado para labores de escritura) no está tan extendido ¿cómo mostrar Git a las masas? También es cierto que muchas de las opciones que Git ofrece están orientadas a la escritura de código principalmente, pero el ejemplo es válido con Git, como con tener las cuentas de correo con IMAP o utilizar un lector de feeds (es fácil, cómodo, pero la gente no sabe hacerlo).

La brecha que separa early-adopters, usuarios avanzados, freaks, etc… del usuario normal es cada vez más ancha, y en realidad, ambos bandos ayudan voluntariamente a este ensanchamiento bajo un fenómeno tan sencillo como la polarización grupal. Es una lástima que gente que se podría ahorrar horas de trabajo no pueda/quiera hacerlo, y que otros nos perdamos una comunidad más grande y rica.

Foto de  fd.

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Creative Commons VS Devolución

Como sabéis, mantengo con más pena que gloria un proyecto musical llamado “Holgado” hasta ahora bajo licencia Creative Commons.

Las razones por las que me he acogido a esta licencia hasta el momento, han sido principalmente la posibilidad de distribuír líbremente las obras, protegiendo la creación de obras derivadas (necesitarían mi consentimiento) y el uso lucrativo de las mismas.

¿Por qué?

Eso mismo me pregunto yo. Dándole bastantes vueltas, y a raíz de varios posts en el blog de David de Ugarte y la página del movimiento por la devolución, me he planteado las condiciones de esta licencia y mi propia manera de publicar contenido:

¿Por qué restringir la creación de obras derivadas? ¿Por qué no permitir que alguien se lucre con mi obra?

El primer punto es sencillo, de hecho la única razón por la que mantenía esa cláusula era conocer qué obras se creaban. Por lo tanto ¿Por qué condicionar un derecho sobre la obra si nunca se va a restringir?.

El segundo punto es más peliagudo: permitir que alguien edite mi música, la venda, y yo no vea un duro. A priori parece injusto, y en ese “a priori” se quedan los defensores del modelo tradicional de distribución. El problema, como casi siempre, es de lenguaje: En “alguien edite mi música” hay más errores que palabras. La música, la creación, no se edita, ni se vende, ni se graba; se editan, venden y graban CDs, soportes. ¿Por qué superponer mi trabajo como creador (que es más bien poco y no lo llamaría trabajo) al trabajo de alguien que consigue poner un disco en la calle con mi música? ¿Por qué exigir un porcentaje del dinero recaudado por ese “soporte”, cuando con la distribución yo soy el primer beneficiado? ¿Cuando gracias a esa distribución, mis conciertos (e ingresos) se multipliquen, no debería según el modelo actual, dar parte de esos beneficios al distribuidor que ha propiciado esa situación? Otro punto discutible de la frase es el posesivo que antecede a “música”, pero eso daría para un libro.

Tras todas estas meditaciones, el modelo actual de licencia no me parece el más apropiado para la publicación libre en este site. Así pues, en adelante, el contenido de este blog, así como todo el de sr.Holgado, pasa a ser de dominio público.

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Movimiento por la devolución.
Un mundo sin copyright: el libro, en deugarte.com.
Un mundo sin copyright: el cine, en deugarte.com.






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